Alguna vez hablé de la calma que precede a la tormenta. Esos momentos en que parece que todo está quieto, que no hay novedades, que nada desencadena nada.
Esos momentos llevan mas a la reflexión, a pensar, a rehacerse y por que no; a tomar fuerzas. Este es uno de esos momentos. La mente se calma, uno vuelve a las cosas sencillas y no estereotipadas, deja de estar ansioso y pendiente, y en cierta forma deja de sufrir... claro... la adrenalina de esos momentos no es la misma... ahora todo es mas parsimonia para algunas cuestiones. Eso no quita que uno no se sienta activo o con ganas de hacer algo, por el contrario, uno termina afianzando otras cuestiones que se relegan en los momentos de ebullición. Te vuelves mas espiritual que
corpóreo... mas mental que analítico.
La última vez vino una tormenta de 3 meses; igual... no me disgustaría que eso pasara de nuevo; pero eso si; preferiría que el resultado sea diferente.