
Cada persona soporta el dolor a su modo, a su manera, de la forma en que aprendió a hacerlo o como aprendió a neutralizarlo. ¡Que solos estamos siempre en el dolor, en la confusión!; es que en realidad nadie nos conoce tanto como nosotros mismos.
En esos momentos, cuando ya tienes experiencia, muchas veces puedes salir solo, sin ayuda; solo con la ayuda de ti mismo y la sapiencia acumulada. Cuando no tienes la experiencia, los problemas se agigantan y te vuelves débil, cualquiera te puede influenciar; y es ahí cuando estás creciendo y no lo sabes; estás aculando para cuando tengas el entendimiento suficiente para saber explorar tu mismo las respuestas que te guiarán en pos de las salidas.
En resumen... el dolor derivado de los sinsabores que nos presenta la vida, solo se neutraliza con experiencia y con sabiduría. La forma en que la hayamos adquirido esa sabiduría, o la forma en que nos haya sido embebida; marcará la capacidad que tenemos para sobrevivir y salir indemnes... o no.