Si vas a decir algo, dilo; pero detente al menos unos segundos para pensarlo.
Infiere que el silencio es bueno para medir el momento exacto de intervenir, pero que el momento de actuar debe ser medido... debe ser planificado, siempre y cuando uno tenga esa posibilidad. Muchas veces algo sale mal solo por el hecho de apurarse; por ser arrebatado, por no reflexionar. La longitud de la vida te enseña a medir tiempos y a saber manejarlos.